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Quiero acurrucarme en el ocaso
De tus ojos
Y que se hunda profundo tu sexo
En la tarde de otoño hasta agotarla
Mientras se agota también el tiempo
Que nos ha sido concedido
Y vuelven a dormirse mi pezones
Entre tus manos blancas
Vives en el lado oscuro del corazón
Y desde allí vienes a buscarme
A rescatar pedazos de mi vientre
Que derivan inconclusos
Me llamas desde la sombra
desde la urgencia de penetrar mi carne
De darle voz a mi piel
Abres, tomas, rasgas
La profundidad de otra noche indómita
Y vuelves a recorrerme y a medirme
Para inventarme otra, mujer nueva
Por donde te escapas de ti mismo.
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